Y
Tambora que?
Antonio
Tarragó Ros
Antonio es contemporáneo
de la electrónica y caticardicamente rítmico e inquieto.
Era lógico que en algún momento buscara encontrar en la
batería las complejas marcaciones rítmicas del chamamé,
hasta encontrar ese novedoso manejo que plantea tal revolución
estética.
Confiesa que en el intento volvió loco al gordo Rodolfo Regünaga,
compatriota curuzucuateño y socio incondicional en el delirio,
con el que se paso dos años trabajando la polirritmia del chamamé,
equivocándose y volviendo a empezar cada vez, porque la meta
absoluta era no desvirtuar esa maravilla de originalidad que son métrica
y rítmica estableciendo divisiones entre tiempos fuertes y débiles
en el compás, tendiendo a conservar la unidad melódica.
Así la rítmica establece diferencias largas y cortas para
fijar la base como orden simétrico, pero el chamamé en
su riqueza contiene varios ritmos simultáneos que van uniéndose
y separándose del ritmo madre, del que la melodía forma
parte desencadenando un movimiento imperceptible que va acosando al
ritmo básico principal produciendo sensación de desarticulación.
El resultado de tanta sutilezas es un fenómeno sonoro que hechiza
como un payé.
Antonio jura y perjura que el viene tocando percusión en el chamamé
desde que era chico y Gualberto Panozzo lo llevaba a las fiestas de
San Baltazar todos los enero, donde descollaba sonando tambora, que
es un instrumento del pobrerío y se construye con lo que se puede,
a veces con un tronco ahuecado emparchado con piel de perro o simplemente
una lata de aceite de 5 litros.
Después el nunca entendió bien porque, aparecieron algunos
"ortodoxos setentistas" que decretaron que estaba prohibida
la percusión, pero aclara que entre aquellos detractores no figuraban
nombres de peso como los de Cocomarola, Montiel ni Millan Medina.
En aquellos tiempos de experimentación estaba obsesionado por
incorporar la percusión a la integración rítmica,
pero en todos los intentos le faltaban las graves, así que finalmente
después de tantos experimentos febriles decidió que ese
aporte solo podría darlo la batería.
Y el argumento lapidario que uso para si mismo y para el pobre Regünaga
que no le aflojo en ningún momento de aquellos dos agitados años
fue: "si total nos van a criticar lo mismo, tanto si reflotamos
la tambora que hoy es un instrumento en vías de extinción,
que se usa casi ritualmente, pongamos de una buena vez la batería
que es justo lo que necesitamos".
Recordando aquella época recrimina a sus detractores porque siente
que fue criticado irresponsable e irrespetuosamente, dañando
a la música antes que a el mismo.
Y el resultado personal de aquellas mentes tan estrechas fue que en
algunos de esos casos, terminaron perdiendo espacios que habían
ganado en buena ley Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel y otros
grandes de la década del '50, porque a muchos de aquellos detractores
suyos hoy los ve competir y mal, en inferioridad de condiciones, ante
figuras como Riki Maravilla y otros de ese genero, sin estar preparados
para una música tan pujante y tan bailable.